El dinero y la felicidad
Para hablar del dinero como un bien necesario para la felicidad, es preciso entender que este bien funciona como motivador, y la palabra motivación proviene de motus (movimiento); como un imán que atrae un pedazo de hierro, haciendo que camine o se desplace en determinado sentido, podemos hablar de cuatro clases de motivadores (McGregor, 1969).
Los primeros son los orgánicos, también llamados de mayor urgencia para poder vivir y subsistir que son los que buscará el hombre primariamente, por instinto, y para ello se necesita dinero.
Una vez satisfechos éstos, entran los de seguridad, aquellos que nos protegen contra los riesgos que ocurren en el trabajo, contra pérdidas por incendio y muerte, para conservar nuestro puesto o recibir un trato adecuado; un tercer orden de motivadores son en los que el hombre actúa, pero no como un lujo sino como una necesidad profunda. Los de orden social son aquellos en los que el hombre busca tantas realizaciones en la sociedad, y es aquí donde entran los motivos familiares, como lo son: establecer un hogar, tener el afecto de los nuestros, además de los de orden religioso, los de orden político y los del orden social, éstos no son de ninguna manera un lujo sino necesidades profundas del hombre. Cuando estos tres tipos de motivos se han satisfecho surge un cuarto orden que de alguna manera se puede encontrar en alguno de los tres anteriores y se llaman motivos de realización. Todo hombre tiene un modo concreto de pensar, lo que puede y debe ser, su propia personalidad y en conjunto son los motivadores que, en último término, satisfacen plenamente al individuo.
Ahora bien, el dinero ¿es o no un motivador para lograr la felicidad? Debemos entender que la felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena, tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas y es definida como una condición interna de satisfacción y alegría. Podemos decir entonces que la autorrealización, también llamada felicidad, se sostiene por la motivación que produce nuestro trabajo constante y continuo, gracias a las capacidades de nuestro cerebro de crear, adaptarse y resolver problemas (Maslow, 1960).
¿Y qué es el dinero? Este vocablo proviene del latín denarius o denario (moneda), que es todo medio de intercambio común y generalmente aceptado por una sociedad que es usado para el pago de bienes, servicios y cualquier tipo de obligaciones; en un sistema económico permite: intercambiar bienes; como unidad contable sirve para medir y comparar valores, y como conservación de valor cuando se dice que es utilizado como un depósito de valor; el dinero es como lo conocemos hoy como un activo neutro que sirve de plataforma intermedia para intercambiar bienes y servicios en una sociedad. (Enciclopédico Quillet, 1978).
Desde esta perspectiva, si el hombre requiere de motivación para vivir, para adquirir bienes y servicios y lograr una autorrealización como meta, ¿cuál es el medio para llegar a ellos? A menos que se saque la lotería, el medio lógico es el desarrollar una labor, una actividad por la cual recibe un pago justo, para adquirir los bienes y servicios necesarios y cubrir la escala de motivos necesaria para la autorrealización.
Podemos concluir que, en efecto, el dinero no compra la felicidad, pero ¡cómo ayuda! Para ello, debemos tener siempre presente que trabajamos para vivir y disfrutar de los momentos, en ocasiones el dinero nos puede ayudar, sin olvidar que para la autorrealización no siempre se requiere la capacidad económica sino más bien la satisfacción de que lo que hacemos trascienda y nos permita dejar huella por este mundo, que finalmente “La vida es solo un trámite”.
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